500 AÑOS DE FE


Conmemoración del V Centenario de la Fundación de la Iglesia Católica en Puerto Rico y la llegada de D. Alonso Manso, primer Obispo de Puerto Rico y de toda América

El cristianismo se introdujo en Puerto Rico con la llegada de los primeros descubridores, colonizadores y misioneros. La Iglesia Católica fue fundada oficialmente como institución, en la Isla el 8 de agosto de 1511, mediante la bula "Romanis Pontifex" del papa Julio II, con la cual erigió la Diócesis de San Juan, junto a la Diócesis de Concepción de la Vega y Santo Domingo en la Española, dependientes de la Arquidiócesis de Sevilla Don Alonso Manso fue su primer titular y el primer Obispo que llegó a América el 25 de diciembre de 1512.


No fue hasta 1924 que se fundó la Diócesis de Ponce, y luego la de Arecibo en 1960, Caguas en 1964, Mayagüez en 1976 y Fajardo-Humacao en el año 2008. De esta manera la Arquidiócesis de San Juan es la Diócesis madre de las demás Iglesias participantes de la Provincia Eclesiástica de Puerto Rico.


EL Arzobispo Metropolitano de San Juan, Roberto O. González Nieves, OFM, quincuagésimo octavo sucesor de D. Alonso Manso, desde que llegó a pastorear nuestra Iglesia Particular, ha tenido como norte guiar a nuestro pueblo por los caminos de la Nueva Evangelización y hacia este acontecimiento jubilar del V Centenario de la fundación de la Iglesia Católica en Puerto Rico. En respuesta a Jesús que nos envió a evangelizar hasta los confines de la tierra, los primeros misioneros llegaron a Borikén hace 500 años para anunciar el Reino de Dios y transmitir la gracia y la salvación de Cristo.


Plan Pastoral del V Centenario


Nuestro pastor, Mons. Roberto González Nieves, OFM, nos propuso en el primer año del trienio celebrativo del V Centenario de la fundación de la Iglesia en Puerto Rico y llegada de D. Alonso Manso, primer obispo de San Juan y en América, fortalecer nuestras bases de fe a través del conocimiento de las verdades del Catecismo de la Iglesia. Éstas las debemos aplicar a nuestra vida con compromisos concretos que viviremos desde nuestras familias; las cuales consideramos como la primera Iglesia o Iglesia doméstica, a la que un bautizado pertenece y en donde debe comenzar a aprender y vivir la fe.

Este segundo Año del Trienio está dedicado a la renovación de nuestras comunidades parroquiales, es decir, a hacer que nuestras Parroquias sean un hogar para cada uno de sus miembros. Durante el mismo se expondrán temas de la espiritualidad cristiana, la misión y acción de la comunidad parroquial y la importancia de la estructura parroquial, que a su vez debe estar vivificada por el Espíritu. Los compromisos que debemos aplicar a nuestra vida los seguiremos asumiendo desde la familia, y desde la realidad de ser miembros de una comunidad parroquial.



Durante el tercer año del trienio que es a su vez tiempo jubilar, nos fijaremos en la realidad de la diócesis, Iglesia particular, su estructura y misterio, y la importancia de la figura del obispo en ella y para ella. Así esperamos fortalecer la cohesión de todos los que formamos parte de la misma; pues no somos sólo parte de la una familia o parroquia, sino que también formamos parte de la Iglesia particular de San Juan que a su vez está en comunión con la Iglesia Universal, una, santa, católica y apostólica.